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Hemos hablado de muchos lugares, restaurantes y picadas, con una gran tradición y que han sobrevivido por años haciendo frente al irreversible paso del tiempo. Pero existe uno que además de esquivar el transcurso de los años, tuvo que hacer frente a otros factores para seguir viviendo con entereza y un admirable valor por la patria.
Es el caso de El Rincón de los Canallas o Canalla Club International o Los Canallas, tres nombres que hablan de un sólo lugar, una picada, un restaurant, con una historia emotiva, profunda y cuyo nacimiento tuvo como objetivo abrir un espacio de libertad cuando muchos no la tenían en nuestro país.
Su dueño es don Víctor Painemal, 70 años, casado, dos hijos (uno contador auditor, otra bióloga marina), oriundo de Temuco, quien nos recibe con la misma calidez que recibió a cientos de personas que en las noches de toque de queda durante el régimen militar, se albergaban en su local, el que en un principio se llamó "El Rey del Pollo Asado".
"La historia de Los Canallas comenzó el año '80, cuando la dictadura impedía juntarse a más de tres personas. Sencillamente en la noche no había negocio abierto al público y yo, como viejo bohemio, tenía mucho amigos y vecinos, los que me empezaron a acompañar. Un día les dije que quién quería jugar dominó o cacho, porque yo me iba a amanecer. Así llegaron amigos y matrimonios, estábamos encerrados, fueron momentos difíciles, no podíamos encender luces, escuchábamos las radios subersivas para el régimen, como la radio Moscú, sabíamos lo que pasaba en Chile. Así se empezó a juntar gente, esto pasaba lleno, yo tenía pollito o carne asada y vino para vender, de esa forma mantenía el boliche y pagaba mi arriendo, en ese tiempo de la recesion no había plata y la gente no tenía dónde ir y los pillaba el toque de queda y se quedaban toda la noche. Con el tiempo una persona traía un amigo y este otro y asi fue creciendo la cosa, pero todo era clandestino", señala don Victor.
Pero el nombre Los Canallas tiene justamente su origen en esa época cuando Pinochet se refería a quienes se oponían a su régimen. "El nombre se creó cuando "el caballero" dijo que eran unos canallas los que pensaban distinto a él, entonces acá se hizo una cofradía de canallas, nadie se nombraba, era muy peligroso, sólo se decía "hola canalla" y asi todos se trataban de canallas", comenta este hombre de 70 años, pero lleno de vida y recuerdos.
Esa misma clandestinidad les obligaba a buscar una forma que sólo reconocieran los que frecuentaban el local para ingresar a él, así nació el santo y seña. "Estaba impedido entrar. Se bajaban las cortinas afuera, pero quedaba un agujero. El que metía la mano tiraba un cable sonaba la campana y yo preguntaba, "quién vive canalla" y entonces respondían por ejemplo "la zarzamora esta morada" y ahí se abría la puerta al canalla que venía entrando, yo le daba albergue toda la noche de la 1 de la mañana hasta 5 ó 6 de la madrugada", comenta Painemal.
La frase se iba cambiando semana a semana e incluso un locutor de la radio Colo Colo, se encargaba de hacerla saber a través de su programa. "Por ejemplo, Tito Arévalo decía: saludamos a Puerto Montt y su gente y en especial a don Juan Lecaros. Desde Santiago muchos saludos..., está lloviendo en Puerto Montt y los canallas siguen igual. Entonces al día o a la semana siguiente yo preguntaba, quién vive canalla y me respondían "está lloviendo en Puerto Montt", dice don Víctor.
El Rincón de los Canallas sufrió dos misteriosos incendios que nunca se aclararon, a pesar de la conclusión de bomberos, quienes luego indicaron que el segundo había sido intencional. Como no podían pararlo, había que hacer algo.
Definitivamente el 31 de diciembre de 1983 cerró sus puertas, le caducaron la patente y los clausuraron. Antes de eso el local había sido objeto de allanamientos e incluso don Víctor estuvo preso varias veces, porque se le declaraba organizador de reuniones clandestinas y por infringir el toque de queda.
Así no le quedó más que buscar otros rumbos y se fue a su querido Temuco, pero los canallas no se quedaron tranquilos. A la misma gente que don Víctor les tendió una mano, ahora respondía por él para que regresara con su local y lo hicieron volver. "Cuando me fui, acá se empezó a hacer una colecta entre la gente que venía al local, incluyendo a extranjeros, los que juntaron plata, arrendaron la casa y como si fuera poco pagaron seis meses de arriendo, me trajeron de vuelta y el 20 de mayo del 84 partí con un local totalmente clandestino nuevamente. Empecé con mucho miedo trabajando de 11.30 a 7 de la mañana. No pasó mucho tiempo y nos descubrieron, nos allanaron, fui detenido y nos decomisaron todo, venía personal de la CNI y me llevaron" cuenta este perseverante hombre. A esas alturas ya era conocido por carabineros y también por jueces y actuarios, "como que me fueron tomando buena", dice Painemal.
Hasta que llegó la democracia y por fin pudo hacer legal su negocio. Le dieron patente, arregló el local, cumpliendo con las exigencias sanitarias y de funcionamiento y comenzó a abrir también de día, manteniendo la costumbre del santo y seña. Ya no era necesario seguir estando ocultos, pero la tradición y la magia de los canallas tenía que mantenerse.
Como dato curioso el gobierno de Patricio Aylwin dictaminó que a todo retornado se le diera su primer almuerzo a la chilena en este local. Así llegaron artistas, antiguos senadores, ministros y se hizo mucho más conocido el lugar y la prensa, nacional y extranjera, les hacia reportajes. A este selecto público se sumaron y siguen sumándose, obreros, oficinistas, jóvenes estudiantes y trabajadores, quienes disfrutan de los accesibles precios y la magia que guarda el interior de Los Canallas. "Acá hay un trato especial, como todos son canallas, todos son iguales. Ahora somos todos amigos, hay un respeto, se habla, se conversa, se dialoga. Aquí se sienta un uniformado con un civil, vienen para acá, conversan y vamos construyendo una patria mejor, la juventud ahora también participa de esto, porque la idea es tener espacios para ellos que los vienen pidiendo hace rato", señala nuestro entrevistado, quien ya sabe qué es luchar por un espacio para expresarse.
Dentro de esta historia de lucha y perseverancia, no podía faltar el sabor, en donde cada preparación tiene alguna relación con esas vivencias sociales tan difíciles experimentadas años atrás. De esta forma, nos encontramos con platos tan diversos como El Vietnamita (para 4 canallas, pernil, arrollado, longanizas, prietas, costillar, arroz, papas y ensalada) El Guerrillero o El Terrorista, cuyos nombres nacieron a raíz de determinados sucesos acontecidos durante el régimen militar y que guardaban confusión en sus desenlaces. Pero también hay otras preparaciones más recientes como el Punta Peuco (granado con costillar canalla a $3.880), el Cesante (a la suerte de la cacerola... a $1.500) o el Vitalicio (lomo, cerdo ahumado, costillar, arrollado a $3.880). Como si fuera poco a la hora de almuerzo (de 12.00 a 15.00 horas) se ofrece colación por un increíble precio de $990, en donde destacan el pernil frío con arroz y ensalada, carne mechada, pollo al jugo, spaguetti y chuleta al jugo, entre otros.
El interior de Los Canallas, además de ser acogedor y de poseer una calidez casera que envuelve, destaca por su sencillez y sus paredes plagadas de tarjetas de saludo y presentación, junto a cartas o frases escritas en papel, las que pertenecen a los miles de canallas que han visitado este lugar en donde se respira parte de la historia reciente de nuestro país. Además hay decenas de cuadros colgados en las paredes, los que en su momento fueron empeñados o dados en parte de pago por sus pintores, cuando andaban sin ni uno y no conseguían vender sus obras.
Hoy don Víctor está feliz y se le nota en cada una de sus palabras, ha cumplido varios años al mando de Los Canallas, viviendo momentos muy complicados que pusieron a prueba su espíritu solidario y su calidad humana, pero que a la vez lo hacen mirar con orgullo el pasado y con mucha esperanza el futuro. "Soy feliz y me siento plenamente realizado. Estoy orgulloso por el pasado histórico que tiene este lugar, creo que lo hice bien. He hecho patria a través de todo esto y creo que para adelante hay que seguir contruyendo cada día un país mejor, por lo menos con Los Canallas, hemos cooperado con un granito de arena", finaliza diciéndonos nuestro entrevistado.
Ah!... y para quienes quieran visitar El Rincón de los Canallas, no olviden el santo y seña. Si les preguntan ¿¡Quién vive Canalla!?, sólo debes responder: ¡Chile Libre Canalla!
El Rincón de los Canallas / Los Canallas / Canallas Club International, está ubicado en Tarapacá 810, Santiago Centro, su teléfono es el 6325491 y está abierto de lunes a sábado de 12 del día a 00.00 horas. De 12:00 a 15:00 es sin contraseña y de 15:00 en adelante se activa el santo y seña.
Por William Sanzana C.
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