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Con la llegada del verano sólo hay una meta: bajar esos rollitos invernales a como dé lugar. Sí, porque las altas temperaturas no permiten ocultar la verdad bajo gruesos abrigos.
La dieta de la luna, de la sopa o de la Fuerza Aérea. Todas se ponen de moda a estas alturas del año. Pero además de “matar” de hambre, tan efectivas no son.
Los especialistas advierten que no existen las dietas milagrosas. Esas que con un par de días permiten obtener la figura deseada y, lo mejor de todo, mantenerla.
La nutricionista y directora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, Mónica Jiménez, advierte que el someterse a estas dietas “express” tiene múltiples peligros "El principal es el desbalance metabólico que produce, además de la resistencia y luego adaptación del organismo a un menor gasto energético. Como consecuencia se genera el efecto yo-yo o rebote, porque se recupera el peso que se bajó e incluso se aumenta aún más, pues lo que se pierde con estas dietas es agua y masa muscular, y no grasa”.
Aunque la mayoría de estas dietas tiene un tiempo máximo de práctica, la docente aclara que “los nutricionistas no recomendamos estas dietas a nadie por ningún tiempo, sin realizar una evaluación previa. Cada caso es distinto a otro”.
Por esta razón la premisa de ingerir menos calorías sino se pueden quemar, también requiere un análisis previo. Jiménez explica que todas las actividades conllevan un gasto energético. Incluso las metabólicas que necesariamente deben ser cubiertas, sobre todo en periodos de lactancia, crecimiento, enfermedades o estrés. Las actividades físicas habituales también necesitan una cuota de energía para realizarse, como dormir o estar sentado.
Consumir la misma cantidad de calorías de las que se gastan no influye en los kilos. Pero si una persona ya se encuentra bajo peso, seguir esta premisa ocasionaría un cuadro de desnutrición que podría llevarla a la muerte. En este caso, lo óptimo sería recuperar el peso o aumentarlo al ingerir más calorías de lo que se gasta para tener un balance energético positivo.
En el caso de quienes quieran reducir su peso se debe disminuir la ingesta calórica pero aumentar las actividades que ayudan a quemar calorías para obtener un equilibrio energético negativo.
Un Chile Obeso
Para la nutricionista, una persona que nació con un peso adecuado y que tuvo una buena alimentación durante la primera infancia no debería tener problemas. ¿Qué pasa, entonces, que cerca del 38% de los adultos en Chile son obesos?
La mala alimentación y la falta de ejercicio son la receta fatal que ha disparado las cifras de obesidad en el país. El consumo indiscriminado de comida chatarra que, incluso, se ha transformado en el almuerzo diario de muchos; el aumento en la ingesta de carne y las altas cifras en venta de bebidas azucaradas han desplazado el consumo de frutas y verduras.
Sólo el primer trimestre de 2007 se consumió más de 455 millones de litros de gaseosas y 32,2 millones de néctares y jugos. En promedio el consumo de carne aumentó de 27 kilos por persona al año en 1970, a unos 84 kilos por persona en la actualidad. Todo esto sumado al sedentarismo donde 9 de cada 10 chilenos no practican ningún tipo de deporte.
Lamentablemente, el futuro no se ve mejor. Las cifras señalan que para el año 2010 de cada 10 personas, 6 serán obesos.
Más allá de lo estético, el sobrepeso y la mala alimentación son factores de riesgos relacionados a enfermedades coronarias, diabetes, infartos cerebrales, y cáncer al colón. Es por ello que es tan necesario tomar medidas.
Tiempo de Cambio
La nutricionista Mónica Jiménez recomienda realizar actividad física día por medio. Se puede caminar, pedalear o hacer aeróbica. Eso si, no menos de una hora.
Es importante mantener el orden en los horarios y en el número de comidas diarias: desayuno 7:30 horas, colación media mañana 10 horas, almuerzo 13:00 horas, merienda 17 horas, cena 21 horas. No saltarse ni suprimir comidas, a excepción de las colaciones de media mañana.
Eso de que el fin de semana se olvida la dieta no corre. Siempre hay posibilidad de comer cosas distintas ocasionalmente: en cumpleaños, matrimonios, bautizos y otras fiestas familiares, pero el ideal es mantener una rutina con el objetivo de cambiar realmente los hábitos.
Si come fuera, puede optar por una dieta mediterránea: pescados y mariscos (no fritos), algas, verduras, cereales, legumbres (arvejas, habas y porotos granados) y leguminosas (garbanzos con piel, lentejas y porotos viejos) y frutas.
Finalmente, usar más hierbas que salsas, a menos que sean con yogurt y zumos o vinagres de fruta. Es mejor cambiar la mantequilla y huevos por aceite de oliva, tomar bastante agua al día y controlar peso una vez al mes.
Como en todo, en la lucha contra el peso no hay milagros. Pero un trabajo arduo siempre tiene recompensas.
Por Natalie Huerta
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